viernes, 14 de marzo de 2008















Ya aquí en Menorca, en una cala preciosa que creo que se llama Cap Den Font (¿es así?), fue de lo primero que vi nada más llegar a la isla y me enamoré de este rinconcito de aguas turquesas y tranquilidad absoluta. Desde entonces ha pasado bastante tiempo, puede que más del que a mí me gustaría, pero de todos los lugares de la isla, sin duda me quedo con éste. Los habrá más bonitos, mucho más impresionantes, pero lo que me hace sentir este pedacito de cielo terrenal es imposible de describir para mí.
En esta foto jugaba con los pocos recursos que mi primera cámara digital me brindaba, tocando por allí y por aquí cambié parámetros de exposición y de sensibilidad y le hice la foto a una compañera de trabajo que en ese momento pasaba por allí. Sé que la foto no es de buena calidad, apenas si se diferencian bien los rasgos de la cara, pero... no me preguntéis por qué, pero , para mí, esta foto es especial, quizá porque marcó un antes y un después en mi vida. Quién sabe, quizá esta foto hizo que terminase viniendo a Menorca.
Muchas gracias Inma.


En el Mesón de la Molinera, un pueblecito dentro de otro pueblecito en la sierra gaditana, como es Arcos de la Frontera, esconde un pequeño tesoro, un lago natural, punto de encuentro ineludible de familias los domingos y festivos. Allí se puede remar e incluso navegar en un barco antiguo que simula aquel de las aventuras de Tom Sawyer. Sin embargo a mis sobrinitos lo que más les gusta es dar de comer a los muchos patos que nadan tranquilamente, tan acostumbrados a la presencia humana que parecen que posaran para las fotos.

Mi Tierra


La Tacita de Plata.

He elegido esta foto porque muestra la playa con más encanto de mi tierra. Cádiz. Es muy pequeña en relación a otras y siempre está perlada de antiguas barcas, sobre todo en invierno, como el día de esta foto, nublado y gris, pero con la magia única e inconfundible que nos enamora a los gaditanos. Cuando la miro me siento más cerquita de casa y de mi familia. Estando tan lejos... Como dijo un ilustre comparsista gaditano, el gran Martínez Ares, "Tacita de mis entrañas otra vez me has embrujado."